Historia

En el corazón de la Amazonía peruana, entre montañas, ríos y una naturaleza generosa, se levanta el pueblo de Roque, una comunidad que nació del esfuerzo, la fe y la esperanza de sus fundadores.

Mucho antes de que existiera el nombre que hoy la identifica, estas tierras ya eran hogar de hombres y mujeres que vivían en armonía con la selva. Los estudios arqueológicos y antropológicos revelan que los alrededores estuvieron habitados desde tiempos remotos por grupos étnicos dedicados a la caza, la pesca y la recolección. Ellos fueron los primeros guardianes de la biodiversidad que caracteriza a esta región amazónica.

Con el paso de los siglos, también la presencia del gran imperio Inca dejó su huella. Hacia el año 1440, expediciones dirigidas por Titucucí Yupanqui y más tarde por Huayna Cápac recorrieron estas rutas en su avance hacia la ciudad de Lamas, integrando este territorio al vasto dominio incaico.

Apenas un siglo después, alrededor de 1540, llegaron los españoles, guiados por el deseo de encontrar la mítica ciudad de El Dorado. Entre los exploradores destacó el capitán Alonso de Alvarado, quien se internó en las tierras de los motilones y dejó su nombre grabado en la memoria de la región. A él se debe, siglos más tarde, la denominación oficial del distrito de Alonso de Alvarado.

El nacimiento de un pueblo

Hacia 1846, un grupo de campesinos procedentes de Tabalosos, que entonces pertenecía a la jurisdicción de Lamas, exploró esta zona en busca de animales de caza. Al descubrir tierras fértiles, ríos caudalosos y un clima benigno, decidieron quedarse y fundar aquí su hogar. Así nació el pueblo de Roque, fruto del trabajo agrícola, la crianza de animales y la solidaridad entre vecinos.

Entre los primeros fundadores se recuerdan los nombres de Félix Linares Guerra y Jesús Chumbe, Federico Linares y Peregrina Chujutalli, Carlos Sánchez Linares y Vicenta Guerra, Carmen Linares y Aurora Pisco, Nicanor Chujutalli y Justa Pisco, Santiago Cahuasa, Inocente Saboya, Felipe Sánchez, Lisandro Linares y Neptalí Pisco.

Ellos, unidos por la esperanza, abrieron caminos entre la espesura de la selva y dieron origen a una comunidad que con el tiempo florecería.

El origen del nombre

Existen dos versiones sobre el origen del nombre Roque.
La primera cuenta que los fundadores, devotos del santo italiano San Roque, protector de los enfermos, decidieron ponerle su nombre al nuevo asentamiento como símbolo de fe y gratitud.

La segunda versión, transmitida por la tradición oral, habla de un tambo ubicado cerca de la actual Plaza de Armas, que solía ser visitado por un comerciante de Zapozoa llamado Javier Roque del Castillo. Era un hombre amable y querido por todos, y los pobladores empezaron a referirse al lugar como “el Tambo de Roque”. Con el tiempo, ese nombre se convirtió en identidad del pueblo.

Crecimiento y consolidación

En 1924, se instaló en Roque la primera escuela fiscal, dirigida por la maestra Blanca Algoada Arce, quien abrió las puertas del conocimiento a los niños y niñas del pueblo. Más adelante, se fundaron los centros educativos N.º 12032 para varones y N.º 12016 para mujeres, fortaleciendo el desarrollo cultural de la comunidad.

El 29 de diciembre de 1964, gracias al esfuerzo conjunto de sus autoridades y pobladores, Roque fue elevado a la categoría de distrito de Alonso de Alvarado, mediante la Ley N.º 15269. Su jurisdicción incluyó los caseríos de Pinzapampa, Pie de Campana y Plata Noyacu, con Roque como su capital.

Las primeras autoridades fueron Juan Celis Chumbe, agente municipal; Juan Rojas Chumbe, teniente gobernador; y José del Carmen Chumbe Pisco, juez de paz. La creación del distrito contó con el respaldo del entonces presidente de la República, el arquitecto Fernando Belaúnde Terry.

Un legado de fe y trabajo

La historia de Roque es, en esencia, la historia de un pueblo que se forjó con sacrificio, unión y esperanza. Desde los primeros pueblos originarios hasta los fundadores del siglo XIX, cada generación dejó una huella imborrable.

Hoy, Roque no sólo conserva la memoria de sus orígenes, sino que encarna la resistencia y el trabajo de sus hijos, que con orgullo mantienen viva su identidad y su devoción por San Roque, su santo protector.

Esta historia fue posible gracias al esfuerzo de quienes dedicaron su vida a rescatar la memoria colectiva del pueblo:
Ramón Valle Celis, investigador y guardián de los recuerdos de nuestros antepasados;
Abner Cahuaza Chujutalli, custodio de los relatos y tradiciones; y
Johny Cachique Torres, encargado de recopilar y dar forma a estos testimonios para que perduren en el tiempo.

Así, entre montañas, ríos y esperanzas, Roque continúa escribiendo su historia, orgulloso de su pasado y de las manos que lo hicieron nacer.

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