Cuando conocemos nuestra historia; cuando aprendemos sobre nuestros antepasados, sus
creencias, formas de supervivencia, danzas, expresiones culturales, comidas y otros… es ahí
cuando empezamos a valorarla, amarla e incluso defenderla; es ahí cuando nos enorgullecemos
de nuestros orígenes.
Todos los pueblos del Perú, desde el más desarrollado, hasta el más olvidado, tienen, entre sus
entrañas, míticas leyendas únicas e inigualables que, merecen ser rescatadas. En esta ocasión,
les contaremos la historia de la laguna “Alejo Cocha”; la cual se ubica a unos 4 kilómetros, al sur
de Roque; a la margen derecha de la trocha carrozable que nos conduce al caserío de Pueblo
Nuevo.
Cuenta la leyenda que esta era una laguna, a veces un tanto tímida y a veces un tanto rebelde;
tanto es así que no soportaba que los hombres se le acerquen, incluso, cuando detectaba su
presencia, provocaba unos fuertes vientos, embravecidos oleajes, ensordecedores truenos y una
densa neblina, la cubría por completo; cada vez con más fuerza, así, hasta que los hombres,
invadidos por el miedo, huían de ella.
Pero, llegó un día, en que uno de esos hombres no se dejó doblegar y, por el contrario, decidió
retarla. Fue don Alejandro Ruiz Brabo, un foráneo proveniente de Celendín (departamento de
Cajamarca); quien, junto a su familia, se dejaron llevar por el clima tropical, la espesura y verdor
de los bosques de estos lares, y decidieron instalarse en unos terrenos baldíos, cerca de la
laguna. Una vez posicionados, empezaron a trabajar la tierra, logrando despejar 8 000 mt2 que
destinaron a la agricultura.
La laguna, por su parte, se esforzaba en rechazarlos sin éxito alguno; por el contrario, don
Alejandro, encomendándose a los dioses, empezó una serie de rituales, alrededor de la ella,
hasta que logró amansar su bravura; teniendo así, acceso directo a sus orillas.
Con el pasar del tiempo, los entonces moradores del pueblo de Roque, se dieron cuenta que
aquel foráneo demostraba ser un hombre amable, colaborador, sociable… actitudes que le
permitieron ganarse la confianza y consideración del pueblo; de modo que, decidieron llamar a
aquella laguna, como “Alejo Cocha”, esto en honor a la valentía que don Alejandro tuvo, para
tranquilizarla.
Hoy por hoy, los terrenos de don Alejito (como le decían de cariño), se ha convertido en un fundo
ganadero, con grandes pastizales y que viene siendo administrado por el Sr. Walter Gil
Mondragón. Su sueño, es convertir este lugar en un atractivo turístico del distrito, en donde los
visitantes conozcan de cerca, los orígenes de este; es por ello por lo que, en alianza con el
Subprefecto, Sr. Edwin Chanta Tocto, vienen implementando y apostando por este proyecto, de
rescate y puesta en valor, de nuestra historia y cultura.