Hoy la vida nos regaló una experiencia sencilla, pero profundamente significativa. En el tranquilo pueblo de Pacayzapa, conocimos a dos almas nobles:
don Ermógenes Sánchez y doña Morayma Linares. Bajo la cocina humeante de un rico arroz con leche preparada por las manos marcadas por el tiempo de Doña Morayma,
don Ermógenes empezó a contarnos sus historias. Su voz, pausada y firme, parecía traer de regreso los días en que Pacayzapa apenas empezaba a respirar como pueblo.
Cada palabra suya era un viaje al pasado, un recuerdo vivo de trabajo, esperanza y amor por la tierra. Mi hijo Lucas escuchaba con los ojos muy abiertos, maravillado.
Cuando don Ermógenes terminó de hablar, Lucas dijo algo que nos hizo sonreír a todos: “Él es el Big Bang de Pacayzapa, porque fue quien empezó todo esto.
” Y, de alguna manera, tenía razón. Don Ermógenes no solo es un testigo del tiempo, sino también el símbolo de cómo nacen los pueblos: con esfuerzo, memoria y corazón.
A su lado, doña Morayma, con su dulzura y serenidad, nos recordó que las verdaderas historias se guardan en la gente sencilla, la que nunca olvida sus raíces.
Hoy nos volvimos a enamorar de nuestra tierra, de su historia y de su gente. Fue un verdadero placer conocerlos y compartir un momento que,
sin duda, quedará grabado en nuestra memoria.
2 respuestas
que bonito : amo pacaysapa
hola